viernes, 22 de enero de 2021

CAPITALISMO SOCIAL


Durante la mayor parte de los siglos XIX y XX, las empresas representaron la fuerza impulsora fundamental del progreso y el bienestar social. Sin embargo, en las últimas décadas, la confianza de los ciudadanos en las instituciones comerciales ha fracasado. La empresa está acusada de causar desigualdad, corrupción, daño ambiental, fraude fiscal, etc.

Afortunadamente, los tiempos están cambiando. La empresa refleja una sociedad abierta y diversificada, y evoluciona hacia un modelo en el que la maximización de beneficios no es su único objetivo, sino que trata de coordinar los objetivos de los grupos de interés que la rodean e interactúan. Las empresas adoptan este nuevo paradigma por tres razones básicas: regulaciones, mercados y propósito. 

El órgano de gobierno de la empresa debe conceder gran importancia a la incorporación de este cambio conceptual en sus políticas estratégicas. En el contexto de la mentalidad cívica actual, las empresas necesitan legitimidad social, y la ética y los negocios deben seguir el camino de la integración, porque los dos se promueven mutuamente. La última gran crisis y las malas prácticas comerciales anteriores obligaron a la gente a cambiar de dirección. Por tanto, el camino de partida es correcto. Sin embargo, hay que tener cuidado con las regulaciones excesivas, especialmente si se traduce en un aumento inútil de la burocracia.

El capitalismo social se centra en la humanización del sistema, por lo que los comerciantes no son depredadores naturales, y el desarrollo de actividades privadas respeta a la comunidad en su conjunto.





AYALA, M. (3 de Febrero de 2020). Capitalismo social: el papel de las firmas profesionales. Expansión. Obtenido de https://www.expansion.com/juridico/opinion/2020/02/03/5e345d31e5fdeafa2a8b4576.html





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